fbpx
+57 310 221 5895 acarrillo@ganaroganar.com

GANAR O GANAR

 Hace poco en una entrevista me preguntaron si era consciente del aprendizaje y sobre todo la inspiración que genero en los demás, a lo cual respondí con total sinceridad que no lo sabía; en varias oportunidades me he cuestionado cuál es mi gran propósito de vida, he tenido miedo a no saber si tengo la respuesta adecuada y como todo ser humano en ocasiones me he rendido.

Ganar o Ganar va más allá de crear una marca y un emprendimiento, este proyecto surgió de las puertas que se me cerraron a causa de la poca inclusión que hay en la sociedad y en las empresas, donde lo primero en que se fijan al verme es en mi discapacidad; porque ser inclusivo no es poner una rampa para entrar a una oficina o una universidad o apoyar a cruzar una calle, ser inclusivo es un complemento a estas acciones: es darle la oportunidad a esa persona de hacer las cosas a su manera, escuchando y adaptándose a su forma diferente de hacer las cosas.

A pesar de mi discapacidad nunca dejé de formarme, pero sin importar las carreras, los diplomados o incluso el posgrado que realicé, mi discapacidad pesaba más, nadie me quería contratar, esta situación me llevo al borde del colapso, como nos pasa a todos en la punta del cañón, era usual escuchar: está bien calificado, pero a mi jefe no le gustó, así que no le puedo dar el trabajo.

Finalmente, me decidí a crear mi empresa, ya que la vida es como el libro de Paulo Coelho, el alquimista, de aprender en ese momento y por más gracioso que suene, empecé a ver las señales que la vida me mandó y en medio de mi angustia resonaba mucho en mi mente la pregunta ¿por qué quedé vivo en ese accidente?, ¿por qué carajo estoy aquí?, mientras eso sucedía me llama una persona para decirme que le diera una charla a los chicos de 11 de su colegio, ella quería que mencionara mi historia de vida y cómo perdí la vista, paro que ellos se dieran cuenta de que a pesar de esa circunstancia me gradué y les narrara como hacía cada día viviendo aquí solo.

En este punto, me dije a mí mismo: ¡hagámoslo!, no tenía nada que perder, aunque le manifesté a mis amigos que no sabía nada de conferencias, en ese momento solo había escuchado algunas en YouTube, recuerdo que me tranquilizaron y me dieron seguridad puesto que solo querían escuchar mi relato de vida.

Para hacer más corta la historia, llegó el anhelado día, me pare en frente de la clase y al ir narrando todo lo que ha acontecido en mi vida, aquí debo hacer una pausa, pues yo pensaba que era cualquiera historia de un chico con discapacidad que perdió la vista pero que se acababa de graduar y que vivía solo, fue curioso escuchar mientras yo seguía con mi historia como muchos de los chicos de esa clase lloraban y se inspiraban con mi actitud. Ese día marco un antes y un después en mí, encontré algo que me gustaba hacer y con lo cual podía apoyar a muchas personas más, ese día descubrí que les podría enseñar por medio de mi ejemplo que la vida no se ve, se siente.

 

Muchos de los comentarios que recibí ese día por parte de los niños de la clase fueron muy significativos, pero uno de ellos me dijo: ¡gracias por mostrarme el camino!, quedé tan impactado, imaginen la ironía, mostrando el camino alguien que no ve; otra chica me dijo que estaba a punto de quitarse la vida pero que había recapacitado y que entendía que tenía muchas razones para agradecer, que ella quería que yo siguiera como su psicólogo, mi respuesta obviamente fue un rotundo sí.

 

“ese día descubrí que les podría enseñar por medio de mi ejemplo que

la vida no se ve, se siente.”

 

Ya tenía la llave para abrir una nueva puerta, sin embargo, ese pensamiento se quedó en eso por varios meses, recuerdo que la idea estaba ahí pero yo seguía viviendo en automático en búsqueda de un trabajo, me metí en la cabeza que nadie me contrataba porque no tenía un posgrado. Cuando me inscribí en el posgrado, en la entrevista lo primero que me dicen es que en esa universidad no aceptan personas ciegas, por lo cual no estás apto para un posgrado. Me quejé por redes sociales de lo que me había pasado y me llama la propia universidad, me ofrecen repetir el proceso y quedo en el posgrado; el primer día me doy cuenta de que todas las personas tenían los mismos conocimientos que yo, la misma experiencia que yo, sólo que hay una cosa diferente, todos ellos tenían trabajo, pero yo no.

Le manifesté mi situación a mis compañeros de clase, pero cada uno estaba en su mundo, yo mismo me coloqué en la tarea de buscar trabajo porque nadie me lo iba a buscar, pero lastimosamente seguía ocurriendo el tema de la inclusión, tenía todo lo necesario pero mi discapacidad los asustaba, no sabían qué hacer conmigo.

 

En ese momento de mi vida me recomiendan un libro increíble: “El hombre en busca de sentido” de Víktor Frankl, el padre del positivismo, ese libro me enseñó que a pesar de todo lo malo siempre se puede encontrar algo bueno. Finalicé mi lectura y me voy a mi primer examen de la universidad y recuerdo que le digo al profesor en ese momento, ¿conoce el libro “el hombre busca de sentido” de Víktor Frankl el fundador de la logoterapia química humanista?, recuerdo exactamente las palabras que me dijo él: quién es ese loco, no sé qué es esa vaina, para mí solo existe el conductismo.

Me volví a mi puesto y escuchando el silencio de todo el mundo respondiendo en el examen, respiré y “miré” para los lados, se me salió una lágrima y me dije a mí mismo ¡qué carajo hago aquí, esto no es lo mío! cerré mi portátil y le dije al profesor “me retiro de la carrera”. Ese momento fue muy amargo, reconocer que no todos entienden una verdad diferente, porque no todo es blanco y negro, también existen los matices en grises.

 

En medio de mi depresión me entra la llamada de una persona que me dijo “tengo un curso de liderazgo para ti”, yo no quería hacer el curso porque pensé que era un curso más, que aburrimiento; pero aquí les confieso algo, yo pensaba que me quería echar los perros y como también me interesaba, decidí hacer el curso para ver si tenía una oportunidad con ella, llamo a este lugar y me adelanto a mencionar mi discapacidad pero sorprendentemente el señor que me respondió, Pablo Currea, vio mi habilidad y no mi discapacidad, me dijo véngase para acá mañana que tiene todo para ganar.

Primera vez que escuchaba una frase así y dije me gustó, voy a ir, tengo todo para ganar y nada para perder.

Ese mismo día finalizando la jornada me di cuenta de lo que es ganar-ganar, comprendí que si tú das la vida te dará más cosas, que si tú te quejas la vida te dará las cosas para quejarte y así como algunas flores que después de pisarlas sacan sus semillas, nació y surgió entre tanta guerra una gran victoria que hoy es mi propia marca personal donde junté mi experiencia de vida con psicología y coach llamada ganar o ganar.

 

Alberto Carrillo

Psicólogo y coach motivacional

Con mucha pasión y poniéndole corazón