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LA DISCAPACIDAD ES UN ESPEJO DONDE NADIE SE QUIERE VER

“¡Pobrecito!”, “estoy contigo”, “te entiendo…”. Son frases que se repetían una y otra vez un 21 de mayo de 2006.

“Te comprendo” o incluso “yo sé por lo que estás pasando”, “debe ser difícil pero igual te entiendo”, las escuche en muchas oportunidades y ciertamente todos dicen te entiendo, pero era un caso ajeno a quienes me rodeaban, nadie de mi circulo había quedado ciego por un accidente automovilístico.

Déjame decirte que una discapacidad como la que ocurrió ese día: 21 de mayo de 2006, no avisa por WhatsApp y te dice “llego en cinco minutos”, por el contrario, es la situación más inesperada, llega de la noche a la mañana y cambia todo; tu día se vuelve noche, una noche permanente, constante y duradera en la cual me acuesto viendo oscuro y me despierto percibiendo un panorama negro… por más claro que está el día sigue siendo negro… ¡Wao! Impactante, ¿verdad?

Me llegué a cuestionar: ¿Cómo se puede estar preparado para esto? Porque por más que traté de conseguir una buena respuesta no la encontré. Es más que decir “cerraste los ojos por una tarde y ya” o decidir desayunar con los ojos cerrados.

¿Cómo vas a estar preparado para cerrar tus ojos y de un instante a otro perder por completo tu visión?… Y hay una realidad ruda y cruda, nadie está preparado para esto. Y aunque llevo 15 años con esta ceguera, te lo digo yo, que no es nada fácil, quizá yo lo haga ver o sonar chistoso, incluso fácil, pero cada día es un reto.

 

ROMPER PARADIGMAS

Porque romper este paradigma en el cual el mundo, la sociedad, el contexto, la universidad, las personas que te atienden, incluso en un restaurante te miran con sensación de lástima no es nada sencillo.

Escuchar: “¡ay que mal, está jodido!”, no es nada sencillo, de corazón a corazón, no te digo no lo es… Pero los grandes triunfos, las grandes metas y las grandes misiones de la vida no son sencillas, pero entre más difícil es el reto más grande es la gloria.

Y ese día del 2006, a un chico de tan solo 20 años le cambió la vida por completo. Cambió todo a lo que estaba acostumbrado y empezó el reto de su vida, debo admitir que había días muy complejos en que la situación me superaba, incluso llegue a tomar la decisión de quitarme la vida y parar con este sufrimiento y oscuridad permanente.

Después de muchos episodios de duda e incertidumbre, empecé a cambiar mi enfoque. Decidí valorar todo lo bueno que sí tenía: mi familia, aunque no la podía ver, la podía escuchar y sobre todo sentir. Me enfoqué en mis amigos, no sabía cómo iban cambiando, pero seguíamos vacilando… Y fue allí que reconocí uno de lo más grandes aprendizajes de mi vida: me di cuenta de que no importa cómo te vea el mundo, sino cómo te ves tú, porque como te ves tú ellos te verán; y si el mundo me quiere ver como pobrecito, la ventaja es que no veo sus caras.

“La peor discapacidad es la Mala Actitud”

Aunque no puedo cambiar mi discapacidad hay una realidad: no puedo ver, pero si puedo hacer las cosas, puede que no sea la forma regular como lo hacen todos, pero sí de forma diferente, puede que algunas cosas sean más complejas, pero no imposibles. Por eso es que también creo que el mundo se tiene que acostumbrar a ser más inclusivo porque todos somos personas con discapacidad, quiero que me entiendan esta semejanza.

Digo que todos somos discapacitados por lo siguiente, lo que a mí me falta a ti te puede sobrar, y lo que yo tengo en abundancia a ti te puede faltar; porque no se trata de poner una rampa para llegar, ni se trata de poder apoyar a una persona ciega a cruzar la calle, se trata de ver y sentir a la otra persona, que pueda hacer las cosas diferentes pero que también las puede hacer, porque todos somos iguales, donde reconozcamos que LA PEOR DISCAPACIDAD ES LA MALA ACTITUD.

Te lo dice alguien que lleva mucho tiempo trabajando en esto, en la motivación, autoestima, superación personal y sobre todo inclusión, en ver que la peor discapacidad es tratar mal al que es diferente, y aunque todavía sigo escuchando y sintiendo lugares donde me dicen que no o que me compadecen, en esos casos yo demuestro mi mejor sonrisa; Y con este ejemplo de qué el mundo debería estar más ciego y que todo absolutamente todo se puede lograr, te quiero invitar a que te observes a ti mismo, pregúntate ¿Cómo te ves tú? ¿Qué estás transmitiendo al mundo?

Te invito a que aprecies las cosas buenas y que les saques provecho, te invito a estar un poquito más ciego y reconocerte, valorar lo que sí tienes, sobre todo a creer en ti para lograr eso que tanto quieres, cada día afírmate cosas positivas frente al espejo para que te las empieces a creer. Yo lo hago y sí te tienes que dar una nalgada a ti mismo, ¡dátela! Porque la persona que primero se tiene que dar apoyo, antes de apoyar a los otros, eres tú.

Cuando te priorizas y te apoyas incondicionalmente es solo el principio, a medida que te empiezas a valorar, te vas a dar cuenta como yo, qué te vale madre el qué dirán, y que ellos son los bobos que se dejen guiar más por la vista y por el que dirán. Te darás cuenta de que el mundo debería estar más ciego para sentir, escuchar y ver con el corazón, para que así esas voces externas que nos quieren quebrantar pierdan su fuerza.

 

MI EJEMPLO

Sigue mi ejemplo, cada día yo me digo en mi interior y a veces la grito a todo pulmón: CONFÍO EN Mí, que no importa que te cierren la puerta en la cara por no ver, o por ser diferente a lo que estamos acostumbrados, tú sigue confiando en ti y en tu valor. Para que así el día que te cierren la puerta, abras 20 más con tu inspiración y sobre todo con tu actitud, de ese modo poco a poco la gente se te sumará en esa carrera de vida, como lo es en mi caso, en esta carrera que llevo creando y construyendo desde el 2006.

En este punto y después de un largo trayecto ya ni siquiera me ven como una persona con discapacidad, solo soy una persona que se ríe de sus propios defectos, que son muchos cabe acotar, incluso a mis amigos cuando están conmigo les vale madre cómo los miran, porque sí también los miran como: hay que lindo lo están apoyando, pero no se dan cuenta de que aquí nos apoyamos entre todos; por eso es que hoy ya somos un grandioso barco que comenzó en el 2006, con mis familiares que no sabían cómo iba a ser esto y amigos qué me hicieron ver lo sencilla qué es la vida, que hoy se han convertido en mi familia, un barco lleno de personas que conocí en un país que nunca vi, pero me siento parte de él. Amigos nuevos qué hoy no me dejaron atrás y que han sido mi sostén y me han apoyado incondicionalmente, amigos que me dijeron “ven y corre conmigo” y hoy en día me dicen “quiero correr contigo”, personas que cuando me quise caer ellos me esperaron para caminar juntos y seguir; hoy nos apoyamos mutuamente.

Después de 15 años llenos de retos y todo tipo de circunstancias solo me queda decir una sola cosa: gracias al 21 de mayo de 2006 por quitarme la vista en ese accidente, hoy tengo la dicha de valorar y agradecer más que nunca por ver más de la cuenta, porque en plena oscuridad empecé a ver como nunca antes.

Alberto Carrillo

Psicólogo y coach motivacional

Con mucha pasión y poniéndole corazón